DE LOS TIEMPOS Y DE LAS TACTICAS  

Jorge Gómez Barata 

Ayer, un noticiero de televisión, con la mayor seriedad y abundantes imágenes, informó que para protestar por el aumento del precio del combustible, los camioneros franceses conducirían a menos velocidad. Lo ridículo de la amenaza, me hizo recordar los tiempos en que, por reclamos salariales, la CGT podía llamar a la huelga general y derrocar al gobierno de turno. Convencidos de que la clase obrera debía luchar por el poder político, aquellas demandas nos parecían “migajas”.

La anécdota me permite retomar las desproporcionadas reacciones de algunos intelectuales de izquierda ante las opiniones de Chávez respecto a que la lucha armada y las guerrillas han perdido vigencia en América Latina. Gente que arderían como una mariposa en un arco eléctrico si tuvieran que dirigir la revolución en un municipio, llegan a colocarse a la izquierda de Fidel Castro y del propio presidente venezolano.

En realidad Chávez no se refirió a la esencia de tales tácticas sino a su pertinencia; nunca dijo que fueran erróneas o contraindicadas, sino que otras formas de lucha se adaptan mejor a las presentes circunstancias. Creer en la violencia como alternativa histórica, no significa ser violento todos los días y a todas horas, sino sólo cuando y donde se requiera.

También en su momento, la izquierda tradicional criticó a Fidel Castro, no sólo por asaltar el Moncada, sino por desembarcar en el Granma e incluso por librar la guerra revolucionaria y, desde otras orillas y por otras razones, fue cuestionado Salvador Allende que, en pleno debate sobre la lucha armada, se planteó la vía electoral como camino y, en 1970 al frente de una coalición unitaria, se hizo con el gobierno en Chile.

Lo obvio es que los cambios en los escenarios políticos, no sólo han modificado la percepción sobre la lucha armada sino también las tácticas y la estrategia de las luchas obreras y populares, incluso sus propios objetivos, sin que ello implique un retroceso y mucho menos una claudicación.

Las masas, la izquierda y los sectores progresistas latinoamericanos han aprendido a contender bajo las reglas electorales, frenando a la oligarquía que ya no puede imponerse mediante golpes de estado y al imperio que no tiene las manos libres para intervenir, presionar e incluso desembarcar sus marines. La clase obrera europea, o lo que queda de ella, más que tratar de derrocar al capitalismo, defiende sus conquistas frente a las tendencias neoliberales.

Quien imagine que los procesos políticos europeos pudieran asumir la forma del “Gran Octubre” o la “Larga Marcha”, que en otros tiempos proporcionaron éxitos brillantes y de significados históricos que durante más de medio siglo gravitaron decisivamente sobre la correlación mundial de fuerzas y crea que la instauración de la dictadura del proletariado tiene alguna vigencia como programa político, está equivocado.

Esas mutaciones no están determinadas por el trauma que para la izquierda tradicional significó la desaparición de la Unión Soviética y la remisión del comunismo, ni son retrocesos sino que se asocian a procesos globales, a cambios en las estructuras de las sociedades y a la maduración de fuerzas y procesos políticos de nuevo signo.

Ningún elogio a la violencia y a la guerra atenúa sus costos humanos y el hecho de que en determinados sitios y coyunturas históricas hayan sido recursos válidos y expresión de la capacidad de sacrificio de los patriotas y los revolucionarios, no debe hacer olvidar que casi siempre se ha tratado de respuestas a actitud de la reacción que la impone como recurso extremo. Practicar la política por métodos armados cuando son posibles opciones menos cruentas es absurdo.

El propio Chávez llama constantemente al pueblo venezolano a estar alertas y a sus fuerzas armadas a prepararse para la eventualidad de tener que tomar las armas frente a una agresión externa, circunstancias que obviamente no desea y que hará todo lo posible por evitar, incluyendo pedirle a las FARC esfuerzos para desactivar un conflicto sumamente peligroso.

No es la primera vez que ante los revolucionarios se presentan situaciones de esta naturaleza y probablemente no sea la última en que algún destacamento, para sintonizar con el movimiento en su conjunto, deponga ciertas metas y cambie determinadas tácticas.

Cuando en las negociaciones de Brest-Litovsk, efectuadas para acordar una paz separada con Alemania durante la Primera Guerra Mundial, frente al romanticismo de Trotski que prefería resistir hasta que se desencadenara la revolución mundial, Lenin pactó con los alemanes y cedió a sus pretensiones territoriales típicamente imperialistas, usó el argumento de que era imprescindible salvar la criatura que ya había nacido. Se trataba nada menos que de la revolución bolchevique. El sacrifico valió la pena. De eso se trata.


EE.UU

Ahí viene Obama

Frei Betto

Lo diferente es el talismán de la publicidad, que atrae la curiosidad y la atención, que surge como novedad, que suscita el paradójico deseo de singularidad. Observen: el producto que promete hacer del consumidor una persona muy especial -auto, ropa, perfume- es el mismo que se ofrece a una multitud de consumidores. Todos manejan el mismo auto, visten la misma ropa, usan el mismo perfume, pero cada cual está convencido de que su “peculiar” producto elevó su personalidad un poco, un plus. 

Éste es el secreto de la moda: todos usan vaqueros manchados y rotos, por los que pagan una pequeña fortuna, convencidos de que están in, que forman parte del selecto grupo de hombres y mujeres socialmente valorados por tener su humanidad embutida en el producto que llevan: un auto Ferrari, un reloj Rolex, un vino Marqués del Riscal… 

Ése es el impulso que nos hace encarar con simpatía la candidatura de Barak Obama al cargo más poderoso del mundo: presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Es negro, hijo de inmigrante africano, joven y crítico de la política guerrerista de Bush. Aunque en verdad él es un efecto del mercadeo electoral. En materia de elecciones, ¡compramos muchos gatos por liebres! 

Puede ser que la diferencia entre Obama y McCain sea la misma que entre la Pepsi y la Coca-Cola. El hecho es que su victoria en el Partido Demócrata, derrotando a la presuntuosa Hillary Clinton (¿por qué algunas personas consideran humillante no vencer siempre?), llegó en medio de la crisis económica de los EE.UU. Y toda crisis genera deseos de cambios, tanto en la esfera personal como en la social. 

En los EE.UU. tendrán que ser devueltos un millón de inmuebles. ¡Adiós al sueño de la casa propia! Y los bancos tendrán que hacer caja con la estafa de los que no pagan, a menos que el “papá” Estado socorra a sus hijos en apuros, a pesar del discurso liberal de que el mercado debe regularse por sí mismo, sin la menor interferencia del poder público. (Discurso válido hasta la hora de la dificultad. ¡Que lo diga el Proer en Brasil! Pregúntenles a los fabricantes y a los privilegiados beneficiarios por el cuerno de la abundancia del BNDES cómo multiplican sus fortunas). 

Si una locomotora se rompe entre dos ciudades de China, eso no afecta en nada el transporte ferroviario en la región del valle de Rio Doce. Pero si dos máquinas viajan por el mismo carril entonces lo que le sucede a una se refleja en la otra. El rail se llama globalización. Al contrario de la crisis de 1929, ahora la gripe del Tío Sam hace estornudar a todo el mundo. Cuanto más cerca se esté del enfermo, mayor es el riesgo de contaminación. 

En la Europa Occidental ya se encendió la señal roja en la economía. El Brasil cree que su actual política financiera neoliberal lo vuelve inmune a los reflejos de la crisis. Pero ¿de qué sirve jactarse de tener casi US$ 200 mil millones de reservas internacionales si la moneda usamericana se derrite literalmente? 

Para que el modelo económico no sea alterado en este país, en el que el 10% de la población posee el 75.4% de la riqueza (dato del Ipea, de mayo 2008), se adoptan medidas monetarias, como el aumento de los intereses. Pero no se tocan las estructuras injustas, como la latifundista. Es la misma lógica del etanol. Ante el costo exorbitante del petróleo, no se discute el actual modelo de transporte, basado en la aceptación de que la gente es un animal que camina con dos piernas y cuatro ruedas. Se debate cómo alimentar vehículos, que son 800 millones en todo el planeta -el mismo número de bocas en situación de desnutrición crónica, agravada ahora por el aumento del precio de los alimentos. 

Que venga Obama al encuentro de nuestras esperanzas, tales como el fin de la agresión a Iraq y el bloqueo a Cuba. Y evite que se aproxime a él la élite blanca, racista y asesina que considera heroica la página macabra de la historia del K-Kus-Klan. (Traducción de J.L.Burgue) 

Frei Betto es escritor, autor de “Sobre la esperanza”, junto con Mário Sérgio Cortella, entre otros libros. 

http://alainet.org/active/24693


El Che Guevara, ¿un mito en disputa?

Néstor Kohan


No sólo no soy moderado sino que trataré de no serlo nunca,

y cuando reconozca en mí que la llama sagrada

ha dejado lugar a una tímida lucecita votiva,

lo menos que pudiera hacer es ponerme a vomitar

sobre mi propia mierda

Carta de Ernesto Guevara a su madre

México, 15 de julio de 1956

En 1925 el peruano José Carlos Mariátegui, fundador de la revista Amauta y primer marxista de América, escribió: “Todas las investigaciones de la inteligencia contemporánea desembocan en esta unánime conclusión: la civilización burguesa sufre de la falta de un mito, de una fe, de una esperanza [...] El mito mueve al hombre en la historia. Sin un mito la existencia del hombre no tiene ningún sentido histórico [...] Los pueblos capaces de la victoria fueron los pueblos capaces de un mito multitudinario”.

Según Mariátegui, los mitos no son necesariamente ilusiones falsas, sino más bien creencias movilizadoras que condensan esperanzas colectivas y anhelos populares.

Revolucionario genuino y radical, fotogénico y joven, Ernesto Guevara fue retratado en marzo de 1960 por Alberto Korda y su rostro recorrió el mundo. Se convirtió en el símbolo de toda rebelión a escala mundial. Desde las Panteras Negras norteamericanas hasta los estudiantes japoneses, desde los insurgentes palestinos hasta los negros insurrectos de Sudáfrica, desde las guerrillas latinoamericanas hasta los intelectuales franceses, todas las rebeldías lo llevan como estandarte. Guevara dejó de ser Ernesto y se transformó en el Che. Un mito y una leyenda atravesados por un tironeo ininterrumpido y una permanente resignificación.

El mito del Che en una triple disputa

En esa pulseada por apropiarse del Che, tres perfiles posibles son los protagonistas: (a) el Che devenido objeto mercantil y oferta de vidriera; (b) el Che políticamente correcto, light y progresista simpático; (c) el Che inspirador político de corrientes revolucionarias y portador de un pensamiento marxista radical, antiimperialista y anticapitalista. Podría quizás mencionarse un cuarto relato que lo dibuja como “un asesino frío y sanguinario”. Pero a esta altura ese relato ya no convence a nadie.  

(a) La primera aproximación a Guevara existió desde su asesinato en octubre de 1967. Desde esa fecha su imagen inunda librerías, kioscos, tapas de CD, películas, remeras, bikinis, ceniceros, encendedores, cervezas y cualquier objeto que pueda ser comercializado en el mercado. La “guevaromanía” resurge ante cada aniversario. ¡Qué tremenda paradoja la de un pensador que conocía en detalle los tres tomos de El Capital de Marx el terminar convertido en mercancía! No muy diferente a Mao Tse Tung, quien representaba algo más que un cuello de camisa o un ícono pop de Andy Warhol. O la estrella roja de cinco puntas, símbolo del Ejército rojo bolchevique creado por León Trotsky, hoy más conocida por adornar la botella verde de una cerveza de moda.  

(b) En el segundo perfil se inventa un Che light y descafeinado, ajeno a las emociones fuertes, rodeado de suspiros melancólicos por los “bellos tiempos que se han ido y ya no volverán”. Aquí Guevara se convierte en un tímido progresista, comodín útil para barnizar con tinturas políticamente correctas las gestiones institucionales tradicionales. Desde este ángulo, el Che deja de ser el inspirador de incendios juveniles para convertirse en una fría estatua de bronce que no molesta a nadie (y a la que se le rinde tributo pues tranquiliza verlo muerto y petrificado)

¡Qué curioso que Guevara, hermano mayor de Miguel Enríquez, Inti Peredo, Mario Roberto Santucho y Raúl Sendic, se termine transformando en una pieza de metal más cerca de la canonización y el museo que del fuego de la revolución latinoamericana! ¡Justo él... quien alguna vez, pensando en José Martí escribió: “ Porque a los héroes, compañeros, a los héroes del pueblo, no se les puede separar del pueblo, no se les puede convertir en estatuas, en algo que está fuera de la vida de ese pueblo para el cual la dieron, El héroe popular debe ser una cosa viva y presente en cada momento de la historia de un pueblo. Así como ustedes recuerdan a nuestro Camilo, así deben recordar a Martí, al Martí que habla y que piensa hoy, con el lenguaje de hoy, porque eso tienen de grande los grandes pensadores y revolucionarios: su lenguaje no envejece. Las palabras de Martí de hoy no son de museo, están incorporadas a nuestra lucha y son nuestro emblema, son nuestra bandera de combate” ( Conmemoración del natalicio de José Martí , 28/1/1960). 

La canonización de Guevara vaciado de contenido político tampoco es una excepción. Su guía inspirador, Vladimir Ilich Lenin, quien le dedicó su vida a levantar barricadas, construir organizaciones insurgentes y generar revoluciones terminó convertido —gracias a Stalin— en una momia embalsamada y en un objeto de museo.  

(c) Desde el tercer ángulo, a notable distancia del mercado y los museos, del negocio y la nostalgia complaciente, Guevara sigue siendo una astilla en el cuello de terratenientes, banqueros, empresarios, policías y militares. Un heredero de Mariátegui, un estudioso obsesivo de Marx, un admirador de Lenin y el político radical más notable de América Latina además de uno de sus pensadores marxistas más heterodoxos. Desde la revolución cubana y el zapatismo de Chiapas hasta la insurgencia colombiana y el bolivarianismo de Venezuela, desde el MST de Brasil hasta los piqueteros de Argentina, desde el estudiantado de Chile hasta los indígenas de Bolivia, todos y todas, continúan referenciándose en él. Lejos de las vidrieras y las manipulaciones oportunistas, continúa existiendo el guevarismo como proyecto político y pensamiento radical. 

Un «muerto que no para de nacer» 

Queridos viejos:

Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, Vuelvo al camino con mi adarga al brazo.

Hace de esto casi diez años, les escribí otra carta de despedida. 

Según recuerdo, me lamentaba de no ser mejor soldado y mejor médico lo segundo ya no me interesa, soldado no soy tan malo.  

Nada ha cambiado en esencia, salvo que soy mucho más consciente, mi marxismo está enraizado y depurado. 

Carta de Ernesto Guevara a sus padres La Habana, marzo de 1965 

Los tironeos y las disputas por su herencia multiplican los espejos que reflejan el rostro de varias generaciones argentinas. 

Cada generación dialoga con Guevara desde sus propios problemas, sus dudas, sus falencias, sus sueños, sus desafíos pendientes, sus anhelos incumplidos. 

La generación del ’60 vio en el Che la encarnación de todo aquello que la vieja izquierda ya no podía dar: ejemplo moral, nueva cultura, lucha contra la enajenación y la explotación (al mismo tiempo), crítica de la burocracia, internacionalismo genuino y, sobre todo, un método de lucha político-militar. Para aquella generación Guevara expresa la cabeza visible de un proyecto continental, impulsado por la revolución cubana y Fidel Castro. Una forma de lucha política donde se confronta con las instituciones y el eje pasa al enfrentamiento directo con el poder armado de las dictaduras militares y sus amos del norte, Wall Street, la CIA, el Pentágono y la Casa Blanca.

Ya asesinado a sangre fría en Bolivia por el ejército y Félix Rodríguez, agente de la CIA que daba las órdenes, la generación del ’70 volvió a encontrar en el Che un ejemplo de vida. Pero lo descifró desde otro lugar. Después del Cordobazo, la figura de Guevara se entremezcla con el fantasma de Perón. Aunque existieron corrientes que, apoyándose en el marxismo del Che, dieron una batalla por la conciencia clasista y socialista de los trabajadores y no aceptaron encolumnarse detrás del general Perón y su “capitalismo nacional”, fueron minoritarias. En esos años, la mayoría de la juventud argentina veía en el Che a un revolucionario que era parte de una constelación mayor, donde también brillaban otras “estrellas”: los generales Velazco Alvarado [Perú], Torres [Bolivia] y el propio Perón. El nacional-populismo fue hegemónico. 

Después vino 1976, la dictadura, el terror, el genocidio, la masacre. Más de 100.000 desaparecidos en toda América Latina. . Durante esos años tenebrosos el Che Guevara se convirtió en un desaparecido junto con sus libros, su imagen y su póster. 

A partir de 1983 el pueblo volvió a la búsqueda. Muchos jóvenes que no habían vivido los ’60 y los ’70, se abocaron a reconstruir el pasado. 

Un sector de intelectuales, ex izquierdistas, sumados al gobierno de Raúl Alfonsín, le proporcionó a la juventud un relato tramposo, sesgado, unilateral. Guevara habría sido “un rebelde bienintencionado, pero que no entendía nada de política”. De la mano de la teoría de los dos demonios, algunos ex marxistas lo parangonaban a los militares genocidas. Triste y mediocre teoría que homologaba al almirante Massera y al torturador Astiz con revolucionarios como Rodolfo Walsh y Raymundo Gleyzer. 

Entonces volvió el Che en las remeras y los libros, pero no en política. ¿Quién se animaba, en los ’80, a defender la actualidad política de Guevara? No sus canciones o su iconografía, sino el eje central de su pensamiento político acerca del poder y la revolución. 

Y apareció Menem, quien llegaba con la vieja retórica y la añeja puesta en escena nacional-populista. Mientras se denostaba al Che, se privatizaba Argentina de raíz y caía el Muro de Berlín. 

Guevara, la crisis neoliberal y el ocaso del posmodernismo 

Desde aquel derrumbe bochornoso de las burocracias del Este europeo (que Guevara había impugnado duramente), el neoliberalismo económico y el posmodernismo cultural parecían eternos. Mientras las recetas económicas de Milton Friedman privatizaban en los ’90 hasta el agua, el mundo se desencantaba de la imaginación sesentista. El posmodernismo, bajo el pretexto de defender a las minorías y sus diferencias, terminó legitimando un reino monocorde, triste y sin alternativas. El “hombre mediocre” sin ideales ni aspiraciones, del que hablaba José Ingenieros cien años atrás, se volvió moneda corriente. Lejos quedaba el “hombre nuevo” del Che. 

Pero ese supuesto “fin de la historia” (Francis Fukuyama), ese “agotamiento de la política” (Daniel Bell) y esa “crisis de los grandes relatos” (Jean François Lyotard), duró muy poco. 

Reivindicando al Che, en 1994 entran en escena los zapatistas y le dan la primera estocada al “Nuevo Orden Mundial”. Al poco tiempo se suceden las rebeliones en América Latina y el primer mundo:

La Paz, Seattle, Davos, Barcelona, Buenos Aires, Genova, etc. En todos lados la bandera con el rostro del Che Guevara acompaña la insurgencia juvenil. Rápidamente entran en crisis los falsos axiomas neoliberales: Mayor mercado = mejor democracia; más sumisión a Estados Unidos = más derechos humanos; privatización = superación de la burocracia, etc. 

En Porto Alegre los Foros Sociales Mundiales abren el siglo XXI gritando: “Otro mundo es posible”. Renacen la sed de ideología, el apetito de totalidad, la necesidad de una cosmovisión de la historia y el deseo de cambiar el mundo. Se profundiza la crisis del pensamiento en migajas y se agota el culto dogmático del fragmento. 

Retorna una vez más el mensaje del Che. Se palpa en el aire. Decenas de miles de jóvenes, hastiados con la vieja política, hartos del sistema capitalista y del neoliberalismo, sin una dirección definida por delante, pero a la búsqueda de una nueva alternativa de vida, enarbolan en marchas y movilizaciones, en estadios de fútbol, en plazas, en parques, en recitales, casi fanáticamente, la bandera del Che. 

¿Qué les ofrece el Che? Un pensamiento político donde lo central de la estrategia es el problema del poder. Una concepción de la transformación social, la subjetividad y la revolución, donde la conciencia antimperialista, clasista y socialista es fundamental, donde se disipan las ilusiones en las tímidas reformas y las medias tintas, en la progresividad de la “burguesía nacional” y en el populismo... En definitiva, una nueva cultura y un ejemplo de otra manera de vivir, donde queda abolido para siempre el doble discurso y la doble moral. La estrella del Che Guevara, por sobre el mito y la leyenda, vuelve para quedarse.


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A propósito de Chávez y las FARC:

La insurgencia armada es historia, presente y futuro

Por Narciso Isa Conde

Con todo el respeto, con todo el cariño solidario que he profesado y profeso por la revolución bolivariana de Venezuela, con la gran admiración que le tengo al comandante Hugo Chávez Frías, he decidido expresar públicamente mi desacuerdo político y conceptual con su reciente pronunciamiento sobre el tema de las FARC, la lucha armada, al guerra de guerrillas, el canje de prisioneros y la paz en Colombia.

En ese tema hubiera preferido referirme -como lo hice en meses anteriores- al Chávez que habló del canje humanitario, del intercambio de prisioneros entre ambas partes, de la necesidad de reconocer a las FARC-EP como “fuerza beligerante”, de la imposibilidad de derrotar al a insurgencia armada por la vía militar, de las perspectivas de una salida política al conflicto armado sobre la base de diálogos serios, del carácter del régimen de Uribe como instrumento de guerra de los EEUU….

Las declaraciones de Chávez.

Pero en el pronunciamiento que comentamos –y que ya recorre todos los medios de comunicación del planeta- el comandante Chávez le ha planteado al nuevo Comandante en Jefe de las FARC-EP, Alfonso Cano, lo siguiente:

-                    Que libere a todos los rehenes “a cambio de nada”.

-                    Que la guerra de guerrillas en América Latina y el Caribe “no está al orden”… “pasó a la historia”.

-                    Que deben desistir de ese camino porque las FARC son el “pretexto” para agredir los países vecinos, para acusar de terroristas o de protección al terrorismo, y para desatar la guerra en la región.

-                    Que deben negociar de inmediato la paz aceptando el concurso de la OEA y de gobiernos por él mencionado.

-                    

Importancia relativa del Canje.

Confieso que para mí lo más objetable de esa posición de Chávez no es lo relativo a la puesta en libertad, por cuenta propia y sin condiciones, de los(as) prisioneros(as) en manos de las FARC, pese a lo válido y justo que sería no pensar este tema en término unilaterales sino de real intercambio en condiciones de seguridad para ambas partes.

 

Es, además, bien discutible aquello de que estar preso en las montañas, en campamentos guerrilleros, es peor que estar en  cárceles colombiana en manos de gendarmes que torturan, golpean, hambrean…

 

Pero eso no es lo fundamental, como tampoco lo es la sugerencia de la unilateralidad en la decisión, dado que un paso de ese tipo podría ser un gesto humanitario necesario y políticamente conveniente en un momento determinado. Las propias FARC ya han actuado de esa manera en ocasiones anteriores, aunque ciertamente cualquiera se harta de ser flexible, mientras el otro nunca cede y además golpea cruelmente los intentos de intercambio; mientras los camaradas de lucha y opositores pasan penurias en cárceles crueles e inmundas, y hasta son extraditados como vulgares delincuentes.

En cuanto a las formas de lucha.

Para mí lo fundamental es todo lo que el comandante Chávez expresó a continuación respecto a la impertinencia y los perjuicios de la lucha armada que libran las FARC-EP y de la guerra de guerrillas en el continente.

Porque realmente las formas de lucha ni se inventan ni se decretan, surgen como necesidad, se hacen pertinentes, la crean los pueblos, las impulsan y organizan los(as) revolucionarios, se desarrollan dentro de determinadas condicione

Por igual es imposible declarar su caducidad o impertinencia desde cualquier tribuna, más aun si es exterior de su dinámica.

En verdad, si una determinada forma de lucha –guerrillera o no, armada o no, insurgente o no- es un dato de la realidad, una lucha del presente, no es válido decir que la misma “pasó a la historia”.

Pero además, ningún método de lucha –confirmada su eficacia- pasa a ser algo simplemente histórico, mientras perduran las causas que lo motivaron; por el contrario, generalmente tiene reincidencia periódica con viejos y nuevas modalidades. Esto así aunque deje de estar presente en un periodo determinado y aunque incluso haya sido derrotado el movimiento que lo puso en práctica y lo desplegó.

Esto tiene más entido cuando de resistencias, rebeldías y/o ofensivas irregulares se trata, sobre todo en función de las luchas populares.

La guerra de guerrillas es tan antigua como el combate contra la esclavitud y ha atravesado y atraviesa la historia y el presente continental y mundial. También otras variantes de la lucha armada hoy estigmatizadas por lo nuevos conquistadores y recolonizadores.

Los estallidos sociales y las insurrecciones urbanas también, incluyendo los levantamientos militares como el que Chávez y los dirigentes del Movimiento Revolucionario Bolivariano 200 encabezaron hace ya tres lustros.

Igual pudo decirse en la Venezuela anterior al 1992 que los ejemplos  de militares Caamaño y Fernández Domínguez en República Dominicana, de los oficiales venezolanos de Carupano y Puerto Cabello, de Torrijos en Panamá, de Velasco Alvarado en Perú y Torres en Bolivia (todos ocurridos en la década del 60 y principio de los 70), habían “pasado de moda”, no estaban a la orden  o simplemente “pasaron a la historia”.

Pero no fue así.

Recuerdo, cuando haciendo una generalización inadecuada –ese gigante revolucionario que responde al nombre de Fidel Castro- afirmó en el IV Foro de Sao Paulo en 1994 en La Habana – que el camino de la lucha armada estaba clausurado en América Latina y el Caribe. Y poco tiempo después estalló el levantamiento indígena armado en Chiapas-México, encabezado por el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), mientras la insurgencia armada colombiana continuó vigente.

 

Recuerdo también cuando el Canciller Roberto Robaina y el propio Fidel, en sendas visitas oficiales a Colombia, se pronunciaron de igual manera y sin embargo la insurgencia armada en ese país siguió su curso ascendente y su propio camino

 

No hay recetas, ni tampoco procesos idénticos, regulares. Puede haber una tendencia más o menos preeminente en una parte de los países del continente, pero siempre dentro de una significativa diversidad.

 

Presente de la insurgencia colombiana.

 

En Colombia hay algo más que una “guerra de guerrillas”. Hay una fuerte y enraizada insurgencia armada predominantemente rural, integrada sobre todo por las FARC y el ELN.

Desde las FARC se ha constituido un verdadero Ejército Popular, con varias decenas de miles de guerrilleros(as) y milicianos(as).

 

 FARC es historia, es presente y le queda mucho futuro, a pesar del difícil momento en que se encuentran hoy.

 

Creo justa la valoración y certero el vaticinio que recientemente hiciera del analista Francisco Herreros cuando afirma:

 

“Las FARC no son una narcoguerrilla terrorista acorralada e impulsada por la ambición de una cúpula delirante y obsoleta, como plantea la intoxicante propaganda oficial.”


”Las FARC son un movimiento político y militar, representante de un sector específico de la sociedad colombiana, como el campesinado desplazado de sus tierras, excluido y masacrado por decenas de años de para-militarismo; dotado de un programa político que ha perseguido con ejemplar tenacidad, y que en sus 44 años de lucha ha construido lo más parecido a un ejército popular y alternativo que registre la historia moderna.”


”Las FARC son un ejército popular que en sus 44 años de historia ha aprendido una táctica de lucha que domina en forma magistral, basada en la movilidad y en el conocimiento del territorio, heredada directamente de la genialidad de Marulanda.”

 
“Es verdad que su muerte, aunque paralela a la ofensiva frontal ordenada por Uribe, coincide con una serie de reveses encajados por las FARC en el último tiempo, entre ellos, los asesinatos de los miembros del Secretariado, Raúl Reyes e Iván Ríos”…

 

“Por más que la confluencia de estos factores, en el contexto de una ofensiva militar que ya se prolonga por seis años, apoyada por recursos económicos casi ilimitados y un imponente potenciamiento de la capacidad operativa de las fuerzas armadas del Estado, configura una de las etapas más críticas de la historia de las FARC, no es la primera ni determina en modo alguno su derrota. En términos comparativos, mucho más comprometedores para su supervivencia fueron los golpes propinados a las FARC en los albores de su historia, cuando recién estaba construyendo su experiencia de combate.” “De todas sus crisis las FARC supieron sacar enseñanzas, y esta no será una excepción”.(01 junio 2008)

 

Pertinencia de la acumulación militar desde el campo revolucionario.

 

Desmovilizar lo acumulado militarmente por la insurgencia colombiana, además de un acto suicida, equivaldría a facilitar el plan estratégico militar de los EEUU en la región, y muy especialmente le eliminaría un importante obstáculo a la vertiente suramericana de su guerra global destinada a apoderarse militarmente de gran parte de la Amazonía.

 

Eso si que no está ni  “al  orden” ni a la altura de las amenazas imperiales del presente.

 

Las FARC, como fuerza política y militar, debe ser preservada y desarrollada; y lo deseable ahora no es que incurran en el grave error de una negociación conducente al desarme y a la aceptación del actual orden institucional, sino en la superación de sus actuales dificultades hacia la retoma de su ritmo de crecimiento y expansión para aportar a la creación de una nueva Colombia, a la Colombia bolivariana.

 

Esto no solo por el valor específico que tiene su peso político y militar para el cambio hacia una nueva institucionalidad en un país donde existe un Estado narco-para-terrorista (con pretensiones de sub-imperialismo regional), con una oligarquía feroz y un intervención militar estadounidense en escala ascendente, sino además –y sobre todo- por lo que puede aportar su gran capacidad de resistencia y su valiosa experiencia en la guerra irregular para contrarrestar, disuadir y/o contratar y empantanar el plan de ocupación militar de EEUU de la Amazonía y los propósitos gringos y oligárquicos de desestabilización y derrota de los procesos transformadores de Venezuela, Ecuador y Bolivia.

 

En el Norte de Suramérica –vórtice de la ola revolucionaria regional- el plan de conquista neoimperial de los EEUU, cuenta con tres grandes obstáculos: 1) las FARC, las demás fuerzas insurgentes y todos los movimientos políticos y sociales alternativos colombianos 2) el gobierno de Chávez y el proceso hacia la revolución en Venezuela y 3) el gobierno de Rafael Correa y todo lo que representa ese proceso.

 

Soy de los que pienso que la existencia de las FARC ha dificultado sensiblemente el plan de intervención gringa contra Venezuela y Ecuador. Y eso, a mi entender, explica el empeño de Uribe y los halcones de Washington en afectar sensiblemente y en tratar de derrotar miltarmente esa gran fuerza insurgente.

 

El debilitamiento de cualquiera de esos tres factores (blanco de ataques del imperialismo) afectaría indudablemente a los demás. Su unidad, más allá de los estigmas  y prejuicios distanciadores, es de vital importancia para esa zona del continente y para toda la región.

¿Pretexto?

 

Las FARC, pues, no son un simple pretexto para la agresión imperialista, capaz de disolverse el peligro con su desaparición como fuerza político-militar.

Nada de eso.

 

Las FARC son un factor de resistencia a la ocupación de Colombia y de la Amazonía por las fuerzas militares al servicio de los halcones de Washington.

 

 FARC es un importante componente de la potencial capacidad para desplegar desde los pueblos y Estados soberanos la guerra asimétrica que podría impedir el propósito esencial del capital transnacional estadounidense de apropiarse del petróleo, el gas, el carbón, los minerales estratégicos, el agua y la biodiversidad conservada de una de las regiones más rica en esos recursos vitales. Ahora mismo están enfrentado una guerra imperialista de bajo y mediano perfil con tendencia  a subir de nivel en Colombia y más allá.

 

Los gobiernos de Venezuela, de Ecuador y Bolivia, dada su autodeterminación y su empeño en controlar los recursos que le pertenecen, están en la mira de esa agresión político-militar, como lo están las FARC y todo lo que en Colombia represente un cambio político-social en esa misma dirección.

 

No es cuestión de pretexto. Es cuestión de propósitos e intereses poderosos.

Si los imperialistas y sus socios no pudieran esgrimir a las FARC, se inventarían otro motivo para esos mismos fines.

 

En Irak no había FARC, pero si “armas de destrucción masiva”

En Afganitán no estaba Marulanda, pero había que mandar tropas a “capturar” a su tenebrosa criatura: Bin Laden.

 

En Venezuela no hay guerrilla, pero si “un gran dictador”, ganador de 10 elecciones limpias y perdedor de un referéndum constitucional.

 

En Bolivia no hay FARC, pero si un indio cocalero y una oligarquía que procura separar los pedazos del país boliviano que controla.

 

Y así hasta que la imaginación de los intelectuales del halconismo alcance, sin obviar el hecho de que en Venezuela, antes de que Chávez entrara a mediar entre FARC y gobierno, ya Uribe y la CIA tenían una avanzada para asesinarlo y diseñada junto el Pentágono el plan para “independizar” a Zulia y quedarse con esas reservas de petróleo.

 

 Se entiende menos aun este giro político por…

 

Pero antes de que el comandante Chávez produjera estas inexplicables y sorprendente declaraciones, tuvo lugar en su presencia un conjunto de ejercicios y demostraciones militares destinadas a proyectar la disposición y capacidad de las Fuerzas Armadas Bolivarianas y del pueblo de Venezuela para enfrentar una posible invasión gringo-colombiana desde una variante de la guerra asimétrica.

 

¡Hasta las habilidades de los aviones Zukoi sonaron como advertencia!

Esto indica que el liderazgo venezolano tiene conciencia de lo que puede venir de parte del imperialismo yanqui y del “sub-imperialismo” uribiano-santanderista, y la respuesta que amerita.

Por eso se entiende menos aun esta nueva reacción del talentoso y valiente presidente de Venezuela frente a las FARC y respecto al real significado de su existencia como experimentada organización político-militar, valioso componente dentro de una eventual guerra de resistencia popular bolivariana

 

Porque si la capacidad insurgente popular, el despliegue de la guerra de todo el pueblo, la modalidad apropiada de guerra irregular o de guerra asimétrica… es la única garantía de la disuasión y de la confrontación con éxito del terrible plan militar intervencionista del Pentágono y sus aliados, entonces hay que convenir en que las FARC constituyen uno de las pilares ya conformados y experimentados para abordar semejante y tremenda situación.

 

¿Entonces porque considerarla como causa-pretexto de la agresión y no como componente de la resistencia disuasiva contra ella?

 

Atención: ¿política de Estado vs. política revolucionaria? ¿táctica vs. Estrategia?

 

Pienso que en este giro hay algo del daño que muchas veces hace el darle preeminencia a la política de Estado como tal, incluso a los re-juegos diplomáticos y las maniobras tácticas, por encima de las cuestiones cardinales y estratégicas de una revolución, que como el propio Chávez ha planteado, trasciende las fronteras Venezolanas para contemplar el único escenario de su posible despliegue: la Patria Grande latino-caribeña.

 

La alta presencia paramilitar colombiana (paracos) en Venezuela y en Ecuador forman parte de un plan de infiltración que apunta en dirección de acciones contrarrevolucionarios que no habrán de detenerse guardando distancia frente a las FARC y haciendo reclamos a favor de su desarme y desmovilización, cosa que por demás confunde y afecta a la izquierda revolucionaria de la región.

 

Más aun cuando es claro que el gran obstáculo a una paz digna y democrática no es FARC sino el régimen de Uribe y los imperialistas estadounidenses, que solo conciben el acuerdo como rendición o desarme de las organizaciones revolucionarias y como continuidad de Estado oligárquico-dependiente y del modelo neoliberal.

 

Si algo hay que extraer de la mayoría de los acuerdos de paz en el continente, es lo perjudicial que resultó para los pueblos la permanencia de la institucionalidad tradicional (democrática-liberal-representativa) y la estabilidad del poder permanente tradicional (fuerzas armadas, relaciones de propiedad oligopólicas y monopólicas, poder transnacional, latifundio, mafiocracia…)

 

En esto debe aprenderse  de la lógica vietnamita: dialogar, negociar, lograr acuerdos…sin afectar la relación de fuerza alcanzada y los propósitos de transformar el país en función de los intereses populares y nacionales. Avanzar hacia una paz digna al compás de los logros en el campo de batalla y en todos los escenarios de la lucha de clase, patriótica, política, social y cultural. Y si las FARC se decidieran a actuar en sentido contrario a esta lógica de nuevo poder, de poder del pueblo, estarían a mi modesto entender actuando contra sí mismas y contra su razón histórica. Y yo me situaría entre aquellos(as) que lo lamentaría mucho.

 

Hoy, en medio de los serios problemas y peligros que afectan y asechan a esa fuerza revolucionaria hermana de Colombia, me siento más solidario que nunca respecto a ella, precisamente por aquello de que soy más amigo de mis amigos cuando más dificultades tienen y más necesitan de mi amistad y solidaridad desinteresada.

 

Así he actuado también respecto al comandante Chávez desde aquel momento en que decidió poner en alto la dignidad militar en los cuarteles, cuando sufrió injusta prisión y a todo lo largo de su intenso, riesgoso y decoroso batallar por una nueva democracia y un nuevo socialismo, en su patria chica y nuestra patria grande. Mi cercanía a Caamaño en 1965 me permitió entenderlo y valorarlo en su real dimensión. Y de eso no me arrepentiré jamás.

 

No hay, pues, agresión alguna en mis palabras y en mis críticas frente a un liderazgo que valoro y aprecio como el que más. Hay convicciones sinceras, ideas firmes y palabras fraternas frente a realidades complejas y situaciones difíciles, expresadas con todo el ánimo de que del debate franco y del intercambio con altura espiritual brote la certeza y la verdad. Que así sea.

 

(9 de junio 2008-Santo Domingo)