¿Qué pasa con el CICR en Colombia? (Y preguntas sobre la recompensa de 20
millones de dólares)
Por: Luis Alberto Matta
En el verano de
1996, durante la feroz represión militar contra las marchas de los campesinos
cocaleros en el Magdalena Medio, el accidente de un auto protegido por emblemas
de la Cruz Roja dejó al descubierto su carga: hombres encapuchados y cinco
contenedores cargados con armas y gases lacrimógenos. A través de la prensa, el
mundo fue testigo del abuso de un emblema que significa neutralidad e intención
humanitaria.
Los cultivadores y raspachines de coca reclamaban reforma
agraria e incentivos a la economía campesina de subsistencia. El gobierno de
Ernesto Samper dejó que la cúpula militar se hiciera cargo de la respuesta.
Luego de varias decenas de campesinos asesinados y desaparecidos, y las
consabidas negociaciones, el gobierno logró que los labriegos regresaran al
monte, y principalmente, que el suceso de los emblemas pasara al
olvido.
También son muchos los casos, en que las partes en conflicto,
Estado e insurgencia, han cometido actos de perfidia en Colombia. Pero lo
extraño, es que solo se denuncia y se le da despliegue a los hechos de los que
son responsables los levantados en armas.
Lo sorprendente, es que de
este juego mediático también participa directa o indirectamente el CICR,
justamente cuando guarda silencio, luego de que los medios informativos del
régimen arman el sesgo y la alharaca.
Ha habido numerosos casos en que
los vehículos del CICR han sido detenidos en retenes militares y sometidos a
requisas. Un ejemplo: el 27 de septiembre de 2001, en Albania, departamento del
Caquetá, el Ejército fustigó gravemente un vehículo del CICR, mientras el
militar al mando señalaba a dos campesinos que eran transportados en su
interior, como lideres guerrilleros. Uno de los labriegos iba herido, luego de
la represión militar contra la protesta campesina que se había adelantado en
horas de la mañana.
Pese al grave suceso, no hubo denuncia, por el
contrario, la "ONG" del Ejército 'Acospaz', publicó en su portal de internet una
información en la que afirma que una columna de guerrilleros usó un vehículo del
CICR. Silencio absoluto en Bogotá y Ginebra.
Conozco personas del CICR,
y no puedo negar que recibí atención de esta entidad en 1997, cuando asumía como
consejero de paz del Valle del Cauca en nombre de la Unión Patriótica. En esta
organización hay gente honesta, pero no puedo pasar por alto, que algo extraño
está sucediendo en el CICR en Colombia, especialmente durante el segundo periodo
de gobierno de Álvaro Uribe.
La gota que colma el vaso acaba de suceder.
Ocurrió durante la operación en la que los dos desertores de las FARC entregaron
a un numeroso grupo de cautivos, entre ellos los tres mercenarios
estadounidenses y la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt. En dicha
operación el Ejército usó emblemas del CICR y de la televisión independiente
TELESUR para engañar al resto de guerrilleros que custodiaban a los prisioneros.
Seguramente Cesar y Enrique los dos desertores, ya habían convencido a
la tropa guerrillera que la misión estaba encabezada por el CICR, y que les
acompañaba una delegación de la televisora venezolana.
El espectáculo
posterior a la puesta en escena de esta operación generó muchas dudas.
Intempestivamente y sin venir a cuento, Uribe le insistió al general Montoya
(criminal de guerra luego de las matanzas en la comuna 13 de Medellín), que
hablara de los emblemas utilizados en el rescate. Enseguida, cuando Ingrid
Betancourt interviene, y sin que nadie le estuviera preguntando a ella sobre ese
tema, y posterior a un malicioso cruce de miradas con Juan Manuel Santos
(ministro de defensa), comenzó a dar explicaciones sobre los logos y emblemas
que portaban los militares que acudieron a recogerlos. "Que es esto, que logos
más extraños, que comisión es esta", dijo Ingrid muy emocionada, aduciendo que
estas fueron sus primeras expresiones de júbilo, cuando vio al helicóptero.
Mentirosa y ladina por naturaleza, Ingrid Betancourt despertó muchas
dudas con sus palabras, porque tratando de proteger la espalda de Uribe y su
gobierno, soltó comentarios que nadie le preguntaba, como tratando de
adelantarse a los hechos. A todas estas, por que será que en estos días la
señora Betancourt guarda un cómplice silencio.
Si bien todos deseamos
que haya libertad para quienes están retenidos por culpa del conflicto
colombiano, incluyendo a Ingrid que ya la logró, a muchos nos molesta que los
últimos sucesos no contribuyan a la paz, sino más bien al envalentonamiento de
los guerreristas que abogan por la salida militar, y contra las salidas
políticas enmarcadas en la justicia social.
La burbuja mediática ignora
la situación de los 30.000 secuestrados-desaparecidos. Nadie se refiere a los
insurgentes que se pudren en las mazmorras, tampoco a Simón Trinidad y sus
compañeros hoy juzgados por una potencia extranjera, en abierta violación a la
soberanía de Colombia. Casi nadie habla de la necesidad de una salida política
para alcanzar la paz, como si una oleada de estupidez se hubiera apoderado del
mundo.
Y para colmo de males, el CICR muy orondo anuncia que no desea
polemizar alrededor del uso indebido de sus símbolos por parte de las tropas del
gobierno colombiano. Seguramente, para la señora Anjos Gussing de Suiza, que
concedió una entrevista ridícula y elusiva, este es un caso de importancia
menor.
O sea que el CICR no acudirá a un tribunal de justicia. Y todo el
mundo se pasará por la faja las reglas del Derecho Internacional Humanitario,
que claramente señalan, que el uso indebido de símbolos humanitarios de carácter
internacional puede y debe ser sancionado en tribunales internacionales.
Perfidia, creo que se llama. Pero que vamos hacer, si por estos días abunda la
impunidad y la amnesia.
¿Que pasa con el CICR en Colombia? ¿Será que así
pretende ser actor neutral en Colombia? O será que alguno de sus delegados en
Bogotá está compitiendo con la OEA y la iglesia, para ver quien es más
Uribista.
Por último, otro par de preguntas: ¿A los desertores los van a
extraditar? Como se va a saldar el asunto de la recompensa ¿Será que Juan Manuel
Santos y el gobierno de Uribe le van hacer conejo a los dos desertores con los
20 millones de dólares?... En otras palabras ¿Los van a robar? Ahí está pintado
el gobierno narcoparamilitar de Uribe. Y de paso, ahí están pintados Juan Manuel
Santos e Ingrid Betancourt.